LA VOZ DE UN SECUESTRADO

LA VOZ DE UN SECUESTRADO

Iba por la calle paseando,
o quizás esperando a un taxi desocupado,
o haciendo deporte en mi horario programado,
o quién sabe, iba al trabajo porque me habían llamado,
o caminaba para ver a un familiar que había enfermado.
Y en medio de mi camino varios hombres me lo han cortado,
me mandaban guardar silencio mientras ellos estaban gritando,
me mandaron darles la cartilla y el dinero que con sacrificio había ahorrado,
y no quedando satisfechos me golpearon,
me hicieron perrerías, y no quiero recordarlo,
todo mi cuerpo quedó maltratado,
no sólo mi cuerpo sino también mi mente y oídos porque les escuchaba hablando,
hirieron mi ser, casi quedé como un trapo,
mi corazón y mis ojos lágrimas iban derramando,
suplicaba compasión y me devolvían el dolor concentrado,
me daban vueltas en el coche por fuera y alrededores en un lugar apartado.
Pasaban las horas y no veía como solucionarlo
sólo esperaba de Dios un milagro .
No puedo comprender el odio, la rabia, el mal que existe en el secuestrador,
cómo el rencor hace estragos en el hombre creador,
cómo un ser humano puede aniquilar la paz interior.
Me han dejado tirado, bastante separado,
pero para que no me olvide me han seguido golpeando,
casi muerto, sin respiro, sin aliento y alejado,
casi inconsciente pero lleno de mucho daño,
con miedo, con temor, inseguro por lo que seguiría pasando.
Hombres que me han secuestrado,
personas que me han visto y han pasado de largo,
seres que tenían prisa y en mí no se han fijado,
pero hay un samaritano.
Yo dudo al escuchar sus pasos y el miedo provoca mi llanto,
pero su voz y sus manos caen sobre mí como bálsamo,
cubre con su ropa mi cuerpo y atisbo que un poco de dignidad me va llegando,
mis heridas externas van curando
pero mi interior necesita mucho tiempo para superarlo.
Por la noche oigo su voces rondando,
veo gestos en personas y creo que me van a hacer más daño,
veo el momento, el color de mi ropa, mis pasos por allí pasando,
y sólo pido una cosa: que los cojan para que no causen más maltratos,
para que no hagan más estragos,
para que nadie más tenga que sufrir por lo que yo estoy pasando.
Sana Señor, mi corazón lastimado,
restablece la paz interior que Tú en mí habías creado,
enseña a mi mente a perdonar al que me ha secuestrado,
y enséñame a bendecir al buen samaritano,
que el miedo, la inseguridad, la desconfianza, se vayan en mí apagando
y la bondad de muchos hombres ayuden a formar mi nuevo barro.
Virgen del Camino, que tienes en tus brazos al Jesús destrozado,
mírame, cógeme entre tus manos y derrama tu amor que me vaya sanando,
Virgen del Camino cubre y protege mis pasos.

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RECONCILIAOS Y CONSOLAD AL HERMANO

RECONCILIAOS Y CONSOLAD AL HERMANO

Nuestro ser sin nuestra ayuda se iba gestando,
pero nuestra madre sí nos iba alimentando
seguramente muchas veces con nosotros iba soñando a la vez que iba trabajando:
a veces en el campo, en la fábrica, en la ciudad o en el barrio,
al igual que nuestro padre con su tesón nos iban formando.
Nos hablaban de Jesús: los maestros, catequistas, los curas del pueblo o por donde íbamos pasando,
oíamos cosas que iban cayendo en nuestra vasija de barro,
y descubrimos a Jesús a nuestro lado,
y un día decidimos dar respuesta con el corazón en la mano,
Jesús nos invitaba a amar a Dios y al Hermano.
Y nos damos cuenta que hemos cambiado
que por fuera somos mayores pero por dentro Jesús nos ha transformado,
nos habla de los demás como arcilla que están en nuestro barro,
nos dice también: permaneced en mi amor como el gran regalo,
y nos presenta a la Virgen del Camino, la Madre que nos está arropando.
Y podemos escuchar el dolor, el sufrimiento y el llanto:
de los hombres y mujeres que no pueden reconciliar su pasado,
de los hombres que van a ser disparados,
de los niños que van a ser abortados,
del hombre débil, pobre y humillado
los podemos escuchar en Jesús Crucificado.
Y Dios nos da poder y una lengua para ser bálsamo,
nos da un cuerpo para ser solidarios,
nos da una mente para ser justos con el necesitado,
nos da unas normas para saber que es lo básico.
Y aunque a veces la vida nos haya negativamente marcado
no podemos olvidar que somos ricos por todo lo que nos ha dado,
no podemos olvidar las manos que a nuestro lado han trabajado,
no podemos dejar de ver la riqueza de muchos hombres y mujeres que por nuestro lado han pasado.
No es justo poner el acento en tres, cuatro o cinco personas que nos hayan hecho daño.
Si nos cuesta perdonar miremos al Jesús Crucificado,
al que es la Gratuidad sin esperar nada a cambio,
quizás nuestro listón no es tan alto,
pero sí podemos agradecer la vida que está en nuestras manos,
sí podemos ser testigos del Dios que nos está amando,
sí podemos suavizar el dolor de nuestro hermano,
sí podemos con María a ellos arroparlos.
Virgen del Camino, sé nuestro buen guía y amparo,
que a nadie le falte el consuelo ni esa mano que le exprese que Dios le está amando.