NACER EN LA GUERRA

NACER EN LA GUERRA

( PERDONAR AL QUE APRIETA EL GATILLO)

            Señor, he oído en la radio las guerras que hay: Polonia, México, Afganistán, Rusia, Reino Unido…

El hombre está en peligro, para muchos la vida… ¿cuál será su sentido?

¿Cuál será su motivo para vivir sabiendo que a la menor les pueden matar con un tiro?

No lo entiendo Señor, el crecer para tener como objetivo el rencor, la venganza, el odio hacia el vecino…

No lo entiendo Señor, que haya hombres y mujeres que tengan como valor el suicidio.

Señor, Tú que escuchaste el clamor de tu pueblo elegido

atiende también la súplica de todo hombre en peligro,

envía mensajeros como Moisés para que recuperen su sentido,

para que la vida recobre el valor en sí mismo.

Señor, ¿nacer para luchar siempre contra el enemigo?

¿Cómo pueden ver en el hombre al prójimo si ellos son su peligro?

Necesitan tener alma de peregrino,

necesitan ver en el otro al hombre roto y perdido.

Necesitan mirada de perdón para el que aprieta el gatillo.

Reconcilia Señor, al hombre que está en peligro,

sana sus heridas que le ha dejado el camino.

No dejes que la maldad, el pecado, la venganza o egoísmo

toquen su corazón,

antes bien, presérvales como a tu Hijo.

Que los hombres, mujeres y niños sometidos desde siempre a la muerte y al martirio,

encuentren en su exterior una mano de cobijo.

Señor, que el dolor esté acompañado por palabras de cariño.

Que nadie deje este mundo sin encontrar su sentido,

que descubran en Ti, al Dios de su auxilio.

Envía Señor, mensajeros que le hablen del amor al enemigo

porque solos no lo saben si no tienen tus testigos.

Madre, Virgen del Camino,

haz que mi oración sea bálsamo para todo ser que esté en peligro.

Pon tus manos sobre ellos, que son savia porque unen lo humano y lo divino,

porque unen sus vidas con el Dios Uno y Trino.

                       Santuario de León        5 – 7 – 10

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FAMILIARES DESAPARECIDOS

FAMILIARES DESAPARECIDOS

¿CÓMO PERDONAR SIN SABER LA VERDAD?

                   El mundo está lleno de heridas:

padres que pierden a sus hijas,

hombres y mujeres secuestrados sin saber noticias,

gente desaparecida,

hombres que matan y destrozan a sus víctimas,

hombres que mienten y engañan a la justicia,

madres que abandonan a los hijos que le dan la vida,

esposos que traicionan la confianza tenida,

hijos que se marchan sin una despedida.

        

Y el que sufre busca una respuesta y le dice a la vida:

no puedo reconciliar mi pasado con tantas heridas;

no puedo dar una respuesta positiva.

        

¿Por qué a mi madre, a mi padre, a mi esposo, a mi esposa, a mi hermano, a mi hermana, por qué a mi hijo o hija?

¿Por qué la pérdida, el secuestro, la muerte, el engaño, el abandono o la no despedida?

¿Por qué tanto sufrimiento y ninguna respuesta obtenida?

¿Por qué me abandonaste después de darme vida?

        

Es verdad, me dejaste en buenas manos pero estoy dolida;

mis padres adoptivos me han hablado de ti y me dicen que eres persona sencilla,

pero esto no suaviza mi herida.

        

Necesito encontrarte, me surgen preguntas infinitas,

pero quizás cuando te vea se conviertan en una simple acogida.

 

Necesito tu voz, tu palabra, tu mirada que me diga;

necesito reconciliar mi pasado para sostener mis días;

quizás soy culpable por ser esa tu vida,

o quizás no fui la culpa de todas tus huidas.

 

Necesito una respuesta para encajarte en mi vida,

porque tengo parte de ti aun dándome en acogida.

        

Hombres y mujeres que me quitáis los seres que más quería,

que arrancáis mis entrañas llenándoos de injusticia,

que dejáis mi ser en vela esperando una noticia.

 

Habla maltratador, que me has quitado la vida;

necesito la verdad, no tu engaño ni mentira;

porque ya tu crueldad ha marcado ya mis días,

ya nada puede herir más con la pérdida tenida.

         Hombres y mujeres que elimináis a personas haciéndolas vuestras víctimas,

¿qué te mueve a eliminar la vida?

¿Qué hay en tu mente, en tu lengua, en tu corazón, qué es lo que en ti germina?

¿Quién ha sembrado en ti la maldad, el odio y la mentira?

¿Quién te ha hecho creer que ahí está tu felicidad y dicha?

        

Quizás mis palabras no te sirvan,

ni siquiera mi perdón cuando tenga la noticia,

quizás no creas en mí porque estoy muy dolida,

pero espero que el buen Dios abra tus ojos y te haga comprender el camino de la vida;

el camino de la verdad, la felicidad y la dicha;

y este dolor que tengo, vea sanada su herida.

 

 

                                                      León 5 – 7 – 10