MI ÁNGEL ES PROYECTO HOMBRE

MI ÁNGEL ES PROYECTO HOMBRE

Hoy me siento hombre

no por los años que tengo

que son treinta y ocho, de los cuales de dieciséis me arrepiento.

Era un niño tímido, reservado, a veces indeciso e indefenso,

pero quería aparentar lo que no soy ni tengo.

Me relacionaba con chicos mayores, los que consideraba guays y perfectos,

a los que llamaba amigos aunque me decían cobarde y se reían de mí por dentro,

los que me incitaban a fumar y a beber para ser su compañero,

yo quería ser como ellos:

altos, dueños de sí, con dinero, en otro mundo porque el decir no me daba miedo.

Quería ser del grupo, de esos que me llamaban cobarde, niñato pero que para mí eran perfectos,

y empecé a fumar los fines de semana aunque era pequeño,

sin embargo no era suficiente y aumenté los días y mi ambiente se convirtió en un humo eterno,

pero no quedó ahí: la cerveza, el whisky, el alcohol los hice compañeros,

y el día que probé la droga pensé que era dueño,

en que tenía las riendas de mi vida y no iba a ser como los otros pobres e indefensos,

tan dueño de mí era que en vez de tomar una raya tomé tres y me quedé satisfecho.

Y estos son mis amigos, los guays, los mayores que yo, los que tenían privilegios.

Mis padres, mi novia, mis amigos verdaderos,

los dejé, los rechacé, los creía traicioneros,

me decían, me orientaban, estaban conmigo y me preguntaban: ¿Qué te pasa Iñaki? No te veo contento.

Mi novia, algún amigo e incluso un profesor me dijeron: deja eso;

Iñaki, te estás perjudicando, eso no es bueno

pero yo mentía, me enfadaba, huía, me sentía de ellos prisionero;

intentaba engañarles, le robaba a mi padre, a mi madre, en la tienda de mi hermana porque era panadero;

me levantaba consumiendo droga antes de ir a vender y a las diez decía para dentro: ahí os dejo,

porque me marchaba diciendo que estaba enfermo.

La soledad, la tristeza, el vacío, el sin sentido y el miedo eran mis compañeros.

Viajaba buscando trabajo, una novia, quizás un te quiero,

y me descubrí perdido, arruinado, sin familia, sin comida ni techo,

porque mis padres aunque siempre me han querido no supieron entenderlo.

A mi madre le entró el miedo,

cuando se enteró giró la cabeza y pensó: esto será pasajero,

le pedía dinero para ropa y nunca me veía con algo nuevo,

y lo que ella hacía era comprármela para que yo estuviese de estreno;

robaba, vendía relojes para ir al camello,

y ella sin saber la gravedad me excusaba ante mi padre para no verlo nervioso y tenso.

¡Cuánto poder tiene el miedo!.

Me levantaba tembloroso, no podía con mi cuerpo,

y desesperado buscaba el whisky en mi rincón secreto,

y bebía, y me tranquilizaba al momento, pero esto no duraba porque me estaba muriendo por dentro,

cada dos por tres atentaba contra mi vida y la de mis amigos conduciendo,

algunos murieron no hubo remedio,

otros con problemas con la justicia o simplemente presos.

Sin comida, sin familia, sin novia, sin dinero ni amigos verdaderos,

Sin rumbo fijo, perdido, sin sentido, siempre insatisfecho,

y en medio de todo recordaba el cariño recibido de pequeño,

y deseaba volver a experimentar el amor sincero.

Ya no aguanto más: mi vida es un infierno,

quitarme la vida será un acierto,

y nuevamente huí a un rincón oscuro y secreto,

mi vida es un desperdicio, una ruina, he perjudicado a todo el que quiero.

No deseo comer, ni ducharme, ni ir al cine, ni salir, ni ver el sol porque me siento sucio, me siento feo,

no sé porque vivo, la verdad no lo entiendo.

No puedo seguir así, Señor, he perdido todo: mis sueños, mi ilusión, a los seres que más quiero,

no puedo vivir en este gran infierno.       

Durante estos veinte días de súplicas, llantos, angustia, mis padres han salido a mi encuentro,

y es Proyecto Hombre el que ha avivado la voz que llevo dentro,

y es Proyecto Hombre quien me ha enseñado a amarme primero,

que existe otro mundo mejor, sin drogas, sin alcohol, donde puedo disfrutar de lo sencillo y lo bello.

Y aunque llevo poco tiempo gracias a Dios estoy aquí, con la ayuda de mi familia y de Proyecto Hombre que es el Ángel que guarda mi sendero.

                                                             Salamanca a 6 de octubre de 2010