EL DIOS DE LAS LÁGRIMAS

EL DIOS DE LAS LÁGRIMAS

No sé si algún día te has parado a escuchar el llanto silencioso de un enamorado,
o el llanto de un hijo que descubre que sus padres se están separando,
o quizás las lágrimas que corren por el rostro de una madre que ve que su hijo se está alejando.
Sí pudiéramos escuchar el trago amargo de ese niño o niña que ha sido violado,
de ese hombre y mujer que no pueden gritar porque están secuestrados,
o de ese anciano que vive solo o en una residencia porque su familia le ha abandonado.
Son lágrimas en silencio que nuestro ser van bañando.
A veces también se nos escapa y no caemos en la cuenta de las lágrimas de los niños que han perdido el animalito que cuidaban.
Hay a nuestro alrededor y en nuestras vidas tantas lágrimas que el color de nuestros ojos apagan.
¡Ojalá se despierten los oídos de los hombres que maltratan!,
¡ojalá quedase en sus ojos grabados cada una de las miradas!,
¡ojalá sus manos les quemasen cuando fueran a tocar una vida humana.
Y sentimos la soledad y la ausencia de la persona amada,
y no porque ellas no sufran, sino porque su presencia no nos acompaña,
necesitamos sentir el calor de quien nos ama,
necesitamos escuchar sus palabras de aliento que nuestras vidas levantan,
necesitamos saber que están ahí para recuperar nuestra confianza,
porque solos no podemos vivir estas situaciones tan amargar,
y nos brotan recuerdos y experiencias que alegran nuestras almas,
y nos brotan situaciones que alivian y un poco de paz derraman,
pero llega un momento que nuestros pies y nuestras vidas quedan derrotadas,
y nos quedamos en el suelo tumbadas,
donde llega la angustia y se pierde la esperanza.
Y vienen a mi mente palabras y escenas que me dicen que Jesús también lloraba,
y he visto imágenes que expresaban los dioses de la belleza, del placer, del poder e incluso de la sabiduría pero yo me quedo con el Dios de las lágrimas,
e imploro su ayuda y me siento habitada,
y en medio del dolor su paz me acompaña,
y noto su mano levantando mi cuerpo que por el suelo se arrastra,
y noto su tacto con tanto respeto que voy recuperando mi dignidad y confianza,
y descubro este Dios que llora conmigo y por mí porque me ama,
y va creciendo mi fe, y los minutos van recobrando color por el Dios que me salva,
y me enseña a perdonar al que ha causado mis lágrimas amargas,
y voy descubriendo el Camino y adquiriendo experiencia de quien es la Verdad, la Vida, del Dios Padre-Madre que siempre me acompaña.
María, Madre de la esperanza,
ruega por la humanidad, es decir, por cada uno de tus hijos, porque tu amor nos guía y tu presencia siempre a nuestro lado acampa.

Salamanca 22- 5 – 2011

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