OFERTAS PARA ACOGIDA

OFERTAS PARA ACOGIDA

 A lo largo de la vida ¿cuál es nuestra sinfonía?,

¿qué emisora sintonizas?,

¿la de noche o la de día?,

¿la interior o la que el mundo exterioriza?,

¿qué emisora tienes cada día?,

¿qué te mueve a danzar, a bailar o a dar una buena noticia?,

¿qué mensaje proclamaba la palabra que está dicha?,

¿qué mensaje escondía la palabra transmitida?.

         Me invitas a escuchar esa dulce melodía,

pero no sólo me invitas a escuchar sino a ver lo que en ella se decía.

         Me dices que escuche el silencio que yo no percibía

y que lea los gestos que  al pasar las personas emitían.

         Pero ¿por qué gastar tanta energía?,

para qué si supone un gran esfuerzo al no practicarlo en el día?.

¿Estás seguro que lo que he de escuchar es una dulce melodía?,

¿la música que nos mueve tiene ritmo y alegría?.

         Creo que la música que me mueve sí tiene alegría

pero no tanto la que parte del mundo realiza.

         Siento un gran dolor interior ante una pregunta a los niños emitida.

Respuesta con sinceridad que traslucen en sus vidas,

niños que por nuestras manos pasan cada día,

caras que vemos muchas veces con sonrisas

pero corazones que luchan por mantener las familias,

corazones heridos por la ausencia de las personas queridas,

por situaciones angustiosas que nadie les ha orientado a mirar hacia arriba,

interrogantes que van dejando sus huellas y su semilla.

         Ante tales respuestas reconozco mi injusticia,

injusticia por a veces sólo ver lo académico, lo material o estar bien sentados en una silla,

por a veces no mirar su mirada o sus gestos cuando ellos caminan,

por a veces no escuchar la voz de su sinfonía,

por a veces no escuchar la letra que les entristece o aquella que les anima.

         El estar en un colegio no es un pasatiempo o un trabajo para ganar el pan de cada día,

el estar en un colegio es algo más que evocar un buenos días,

el estar en un colegio o en cualquier sitio es hacer emerger lo imposible de la vida,

la esperanza machacada por el dolor, la separación y muchas veces la huída,

¡Qué decir de Isabel y también de Zacarías!.

         La Biblia está impregnada de vidas y de momentos imposibles pero que todos germinan,

la Biblia alimenta y sana nuestra esperanza de cualquier causa de herida.

¡Cuántas bondades, cuánta enseñanza para ser ríos en la tierra prometida!,

¡cuánta belleza para sanar la imagen que está perdida!,

¡cuántas palabras con las cuales podemos darles la vida!,

¡cuántas experiencias que pueden ser la luz que a ellos les guía!.

         Y nos dice la Palabra: preparemos el camino que a su casa nos invita,

preparemos el camino que ya llega, que la mesa está servida,

preparemos el camino y encendamos nuestras luces como en una marquesina,

preparemos nuestras casas allanando las montañas y los muros que derriban,

allanemos nuestras casas, que no tengas escaleras ni tropiezos, para aquel que nos visita,

donde el niño que gatea la recorra cada día,

donde el cansado que llega descanse de su fatiga,

donde el enfermo encuentre la cama que le cobija,

donde el triste y desanimado encuentre nuestra sonrisa,

donde el que busca encuentre aquello que le da vida,

y aquel que está angustiado pueda sentarse y descubrir que respira,

y pueda darse cuenta que germina su semilla,

donde el que grita encuentre la serenidad que transforme su mirada y lo que piensa lo gira,

lo gira suavizando la respuesta dando humor y alegría,

preparemos nuestra casa porque es Dios quien nos visita,

preparemos los acordes con un tono de fe viva,

preparemos nuestra voz porque llega ya el Mesías,

preparemos nuestras casas con las manos de acogida

y abramos nuestras puertas con miradas de caricias,

con miradas y palabras que a las personas bendigan.,

         Que la Familia que espera, es decir, la Virgen y San José mantengan mi puerta abierta con la lámpara encendida,

para que la humanidad sepa que nos nace ya la Vida,

que nos nace el Salvador y quién es nuestra Compañía.

         Bendita la Trinidad porque somos su gran dicha.

Bendita la Trinidad porque siempre nos ama y contra Él nos cobija.

 

 

 

                                                         Madrid  11 – 12 – 12

 

                                                Mª Elena Hernández González