BIENAVENTURADOS

BIENAVENTURADOS

   Cuando pronunciamos la palabra bien ya lleva incorporada los beneficios,

regalos personales y también divinos,

a veces por nuestros esfuerzos y otros porque nos lo han concedido.

Cuando escuchamos los halagos de nuestros padres que dicen: muy bien hija e hijo,

sentimos por dentro como crecen las ilusiones y se refuerza nuestro espíritu,

sentimos la energía de continuar con lo mismo

y de profundizar en lo que nos hemos comprometido.

Esto sucede igual cuando nosotros a los demás se lo decimos:

Y les felicitamos: Bien amiga y amigo,

muy bien mi niña y mi niño,

genial compañera/o de camino

y brota también cuando el sufrimiento compartimos,

cuando vemos la misma realidad y nuestras manos se ponen a su servicio,

cuando su dolor recorre nuestro cuerpo y le ofrecemos alivio.

Bienaventurados los limpios,

los limpios de corazón porque ven con los ojos de Dios que son cristalinos,

bienaventurados los misericordiosos porque han sabido ponerse en el lugar del otro sin hacer ningún juicio,

bienaventurados los que trabajan por la paz porque ellos son constructores en sí mismos,

y bienaventurados los pobres de espíritu

podemos decir que ellos son los libres, los que arriman el hombro a pesar de los posibles conflictos,

y ¿qué decir de los mansos?. Ellos son los dóciles al amor los que le ofrecen su ser para llevar el perdón a quienes se sienten perdidos.

Bienaventurados los que tienen hambre y sed del Dios vivo,

del Dios que hace justicia ante lo pobre y  rico,

ante la mentira y la sinceridad de lo dicho,

ante la violación y la explotación de sus hijos.

Bienaventurados los perseguidos, los que no permiten que el mal venza porque se encuentran activos.

Bienaventurados tú y yo cuando hemos a Dios correspondido:

cuando a los demás nuestras manos hemos tendido,

cuando hemos despertado el interés y los sueños que muchos habían perdido,

cuando han percibido el amor y calor que creían olvidado y totalmente dormido.

Bienaventurados somos Señor todos los que te tenemos como Maestro, Salvador, Dios y Amigo,

bienaventurados somos porque Tú estás con ellos y también conmigo,

bienaventurados porque sentimos tu presencia, perdón y cariño.

Bienaventurados somos porque Tú nos has elegidos,

nos has dado una casa, un hogar, unos compañeros, hermanos, amigos y vecinos,

Tú que escribes nuestra historia y en tus manos nos tienes tatuados y siempre cogidos.

Tú, Trinidad Santa no dejes de bendecirnos,

abre toda nuestra alma y ser para que te reconozcamos continuamente como compañero del camino.

Gracias Señor por hacernos Bienaventurados como regalo divino.

Bienaventurados sí, Bienaventurados porque somos tus hijas e hijos,

gracias porque nos lo revelas en voz alta y con ternura al oído.

Madrid 29 – 1 – 17

Mª Elena Hernández González

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