EL CACHORRO ABANDONADO

                    EL CACHORRO ABANDONADOcachorro abandonado
(Cuento)
Esta es la historia de un cachorro,/
que no tenía nombre porque se encontraba solo./
Era un perrito muy observador al igual que goloso,/
y si hubiese podido hablar nos lo contaría todo./
Su madre era de buena familia, pero su padre descendía de lobos,/
de esos, que ponen a todo el mundo nervioso./
Es por lo que los dueños de su madre vendieron a los cachorros./
También a éste, sin embargo su amo lo abandonó por el color de sus ojos./
Ese ser egoísta y malvado que no fue capaz de descubrir que él era un gran regalo./
Por lo que tuvo que ambular por las calles perdido y desorientado./
Y decidió ir detrás de los jóvenes y de los ancianos,/
de todos aquellos a quienes veía serios y desanimados./
Y les ladraba, y movía su rabito significando que estaba contento y orgulloso de estar a sus lados./
Él se había convertido en un cachorrito solidario./
Solidario de quiénes?: De los pobres, los humildes, de los no poderosos ni mal humorados./
Pero por desventura casi nadie le dedicaba tiempo porque ya estaba flacucho e incluso con algunas garrapatas por él caminando./
Aun así, insistía poniéndose a dos patas y guiñando sus ojos a la vez que cariño iba reclamando./
Nuevamente se sentía fracasado/
y sin éxito, totalmente frustrado./
Le invadió la tristeza haciendo desaparecer la ternura grabada en sus manos./
Esas patitas que estaban temblando./A pesar de estar así soñó con ser grande, y que su pelo lucía como el oro iluminando,/
y también que los niños se sentían contentos porque de él siempre estaban hablando./
En esos momentos parecía que su débil respiración recorría su cuerpo con alegría y con gozo acumulados./
Pero quién lo escuchó únicamente oía las quejas y los gemidos de quien se siente solo y desamparado./
Y se agachó con cuidado,/ palpando el suelo para poder localizarlo,/
y las manos entrañables de quien lo había encontrado/sintieron el dolor de aquel que tiene sus días contados./
Pero Mario cogió a este cachorrito abandonado,/
perrito, al cual, él no podía mirarlo./
Porque Mario era ciego, pero súper humano./
Lo cogió entre sus brazos con un calor inimaginable y desorbitado/
con la esperanza de a ese cachorrito recuperarlo./
Le dio de comer y lo llevó inmediatamente al veterinario,/
donde recibió todo lo necesario./
Pero lo que le sorprendió fue escuchar: No se separe usted de su lado./
Si quiere que salga adelante, háblele al oído y repítale que es  su gran regalo,/
que será sus ojos, sus pies y sus manos./
Y así fue como siguió nuestro Cachorro siendo el perrito más solidario:/
porque a pesar del sufrimiento que había pasado,/
él había decidido ayudar en todo a su verdadero Amo./
Le llevaba a la cama todo tipo de calzados,/
le cogía el teléfono y se lo posaba en las manos,/
y cuando paseaban juntos lo apartaba siempre del camino de las piedras al igual que del barro./
También le señalaba las revistas que en su kiosco anteriormente había comprado,/
y cuando veía a alguien triste y apenado/
tiraba de su cuerda para llevarles a Mario./
Y Mario descubrió lo que con su Cachorro había ganado./
Había encontrado la felicidad de quienes están siempre acompañados./
Y el perrito lo que más agradeció era la integridad de este ser humano,/
que siendo ciego vio lo que nadie descubrió cuando todos los demás pasaron a su lado.
Así fue como su Amo cambió el título de este cuento y le puso: “MI CACHORRO SOLIDARIO”.

Madrid 22 – 4 – 18
Sor María Elena Hdez Glezperrito solidario

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LA SEMILLA QUE NO QUERÍA CRECER

                        LA SEMILLA QUE NO QUERÍA CRECER
2230_10_481125ddc86e5(Cuento)

Érase una vez una semilla llamada Margarita.
Era una semilla muy pequeñita,
y no quería crecer porque así las vecinas con ella se divertirían,
y porque cualquier cosa que hacía, todo el mundo le aplaudía.
De vez en cuando pasaba las horas un tanto desaparecida,
sobre todo cuando hablaban de hacer los deberes, ella se iba
porque eso le suponía sentarse y  estar tranquila.
Su madre la llamaba: Margarita, Margarita.
Y esos minutos eran como si se la hubiese tragado la tierra porque nunca acudía.
Su Mamá preocupada no hacía más que pensar: Qué le pasará a esta hija mía?.
Ella sentía mucha pena y por eso, al llamarla no insistía.
Así que esperaba paciente hasta que su peque aparecía.
Margarita hija: Dónde has estado todo el día?
No te das cuenta que eres muy niña?
Su Madre, aunque se lo preguntaba, sí que lo sabía.
Ya que por Margarita un amor especial tenía.
Conocía sus pasos, sus escondites, sus gustos y quiénes eran sus amigas.
Y, aunque crecía físicamente, para su Madre siempre era pequeñita.
Ese era el motivo de por qué todo se lo permitían.
Llegó el tiempo de ir a la escuela y todas las semillas en edad escolar iban con sus familias,
también lo hizo así Margarita.
Ella era muy, pero que muy lista,
aunque tenía un defecto o quizás una limitación: Crecer no quería.
Fue un día en el recreo cuando se preguntó así misma:
¿Por qué soy tan distinta?.
Mis compañeros juegan a ser adultos, se enfadan, se pelean pero obedecen en todo lo que dice nuestra Señorita.
Sin embargo yo quiero aprender, pero hay algo que no me anima.
Y daba vueltas y vueltas en su cabeza para saber exactamente qué le ocurría.
Ella como quien habla consigo misma estas reflexiones se hacía:
Me lo paso bien porque soy muy divertida,
mi Maestra frecuentemente me felicita,
aunque estar sentada y atenta un poco me mortifica.
Margarita seguía pensando día y noche y muchas veces se dormía rendida.
Pero contenta y feliz porque con los chistes de sus compañeros mucho se reía.
Además, dentro de su clase era como alguien especial y divina:
Mágica se sentía.
Hasta que se dio cuenta que en los recreos algo le ocurría.
Recreos que con los mayores compartía.
Veía que niños de su edad saltaban y corrían,
que de los cursos un poco superiores también lo hacían.
Sin embargo los mayores del todo a penas se reían.
Se quedaba ensimismada
mirando a los profesores que les corregían:
Ya que algunos llegaban tarde y tenían que entrar por la portería.
Así que riñas siempre les caían.
Lo que le llevaba a pensar que de responsables nada tenían.
Y no solo observaba sino que también les oía.
Oía conversaciones de las cuales muchas no entendían,
pero por sus caras, ella creía que de nada bueno se trataría.
Así que Margarita se dijo a sí misma: Que no quería ser ni aburrida,
ni irresponsable ni tampoco recibir riñas.
Es por eso que Margarita crecer no quería.
Pasaron algunos años y la resistencia seguía.
Incluso cuando escuchaba decir a sus vecinas: !Que grande y guapa estás Margarita!.
Mientras tanto su Madre no dejaba de preguntarse: Qué problema tendrá mi hija?.
Preguntó a las amigas,
también le contaban las vecinas,
en la escuela preguntó a su Maestra preferida,
pero había algo que no encajaba con la forma de ser de su niña.
Y al final decidió hablar con su chiquitina.
Hija: llevo preocupada por ti durante largos e interminables días
pues no sé lo que te pasa, te noto muy intranquila.
Y así fue como ambas se desahogaron y Margarita pudo expresar abiertamente lo que hacía años la consumía:
sus temores, sus dudas, sus miedos, lo que oía y a su alrededor veía.
Y de su Madre escuchó el mejor consejo, el consejo más sabio que en el mundo existía:
Hija, tu vida será como tú elijas:
aburrida, estafando a los demás o llenándola de mentiras,
o por el contrario: de veracidad, de libertad, de esperanza,  superación y alegría.
A partir de ese instante Margarita comprendió lo grande que era seguir Adelante luchando por la vida,
y decidió crecer cada día.
Madrid 28 – 4 – 18
Sor  María Elena Hdez Glez.semillas

DOS HOMBRES SENTADOS A LA VERA DEL CAMINO

                            DOS HOMBRES SENTADOS A LA VERA DEL CAMINOCaminantes
(Cuento)
Había una vez dos hombres que coincidieron en el mismo sitio./
Uno era oriundo de ese camino,/
mientras que el otro había hecho cientos de recorridos./
Pero, mira por dónde, los dos allí se encontraban unidos./
Sentados sobre la misma roca empezaron a analizar las experiencias que habían tenido,/
y hasta ahí parecía que todo estaba bien y tranquilo.
Empezaron a hablar y hablar sin tiempo ni tino/
y, al terminar, decidieron encontrarse al día siguiente en el mismo sitio./
Contentos se despidieron sintiéndose como amigos./
Los días iban pasando y las  conversaciones tenían un matiz distinto./
La persona oriunda veía de sus gentes todo lo negativo:
Que si entre las parejas de su pueblo habían muchos líos,/
que si eran malos los niños,/
que si el barrendero no dejaba nada limpio…/
y así, muchísimas cosas casi hasta el infinito./
Y el señor que había venido de lejos no veía lo que el compañero le había dicho./
Él que había recorrido Europa, parte de Asia y algún que otro país pequeñito/
descubrió la sencillez y la humildad de las personas que pasaban por aquel mismo camino./
Este señor se preguntaba el cómo su amigo oriundo veía todo tan negativo./
Ah, se me había olvidado decir: que estas dos personas por necesidad debían de ponerse gafas por el polvo que se levantaba a la vera del camino./
Cada una de ellas llevaba las gafas, como es normal, según sus estilos./
Y pasaron los meses y ese peregrino se quedó en este pueblo por causas del destino./
Destino por él aún no conocido./
Los roces eran cada vez más frecuentes, pues entre ellos casi todo era distinto./
Y sobre todo porque el oriundo tenía muchos amigos,/
amigos como él, apoyándose en lo destructivo./
Las críticas eran frecuentes: el barbero tiene un hijo desaparecido,/
la señora de la tienda siempre lleva el mismo vestido,/
y esos adolescentes ya pudieran ser más educados y menos listillos…/
y seguían diciéndose: si yo te contara lo que se dice en los parques y en los corrillos,/
quedarías más blanco que las manos de aquellos negritos./
Esas eran las conversaciones que cada día escuchaba nuestro peregrino./
Como os podéis imaginar, los sentimientos de este hombre estaban todos encendidos,/
y le costaba encajar lo que decían del pueblo estos mismos vecinos./
Hasta que un día, sentado ellos dos en el sitio del principio,/
se quitaron las gafas porque en esos momentos el viento les había dado un poco de respiro./
Gafas colocadas sobre la roca que les había unido./
Y el peregrino, después de dejarse acariciar por el aire fresquito,/
decidió ponerse nuevamente las gafas, gafas que una vez puesta se dio cuenta que el mundo era distinto:/
Todo era negro, en ellas no existía ni el verde ni el blanco ni el azul ni el rojo o el amarillo,/
y cuando intentó mirar hacia lo lejos ningún rostro tenía expresión ni colorido./
Y abrió más los ojos porque el corazón se le quedó estremecido,/
su mente y sus manos a la vez hicieron el mismo recorrido,/
y quitándose de forma fugaz las gafas recuperó la temperatura de su cuerpo y de su vida el sentido./
Así fue como nuestro caminante descubrió el por qué de su destino./
Aprendió a comprender la incapacidad que tenía esa persona para ver el mundo con otro color y también a sus gentes y vecinos./
Y se dijo a sí mismo:
Es inútil hablar con él porque nunca verá la vida desde otro lugar ni sitio,/
tampoco puede valorar mis gestos, palabras ni mi sino,/
pero sí podrá sentir el trato del amor y el mimo./
Sus gafas no le cambió y este oriundo continuó siendo el mismo,/
pero sí cambió la mirada, el ser y las acciones de nuestro peregrino,/
ya que los dos están asentados en la misma ROCA en la vera del camino./
La misión no era cambiar al otro ni tampoco al resto de sus amigos,/
su misión era ponerse en el lugar del otro sin comprender muchas cosas por ser misterio divino,/
pero sabiendo que la Felicidad y el Bienestar son sus Compañeros de Misión y de Camino.
Madrid 29 – 4 – 18
Sor María Elena Hdez Glez

 EL JOVEN QUE NO CREÍA EN LO DIVINO

                     EL JOVEN QUE NO CREÍA EN LO DIVINO

(Cuento)

   Esta es la historia de un joven llamado Francisco,

JOVEN-FANO1pero pudo ser la de su hermana e incluso la de su tío,
o quién sabe si la de un hombre famoso y rico.
Cuentan que en el ambiente en que se movía era algo enfermizo.
Y no por falta de cultura, de bienestar o buen vino,
sino porque los valores, en ese hogar, habían desaparecido.
Y a la vista está como aprenden los niños.
La imitación era el ejemplo más vivo.
En aquella casa cada uno iba por un sitio:
la televisión alta, los platos por los suelos junto con los desperdicios,
y el respeto brillaba por su ausencia entre padres e hijos,
al igual que entre mujer y marido, sobre todo cuando decían de ir a algún sitio.
Y en el tema religioso todo estaba prohibido.
Yo diría que pasaba inadvertido.
Pero Francisco era diferente  pues en ocasiones parecía tener un sexto sentido.
Y es que en esas situaciones no se sentía muy bien consigo mismo.
Aunque eso no era tan poderoso para evitar que su comportamiento no fuera el que siempre había tenido.
No digamos en el trato a aquellos que no le caían bien ni consideraba amigos.
Era vergonzosa la actitud del joven Francisco.
Sus mejores amigos formaban el grupo de los que se fugaban de clase y hacían imposible la vida de los vecinos,
menos del matrimonio del spar donde iba a comprar para sus padres el pan y el vino.
Estos señores tenían con todo el mundo un trato exquisito.
Y él se sentía importante cuando era atendido.
Así que empezó a frecuentar este sitio.
!Existían tantas diferencias entre su casa y estos sencillos vecinos!.
Que pensó en hacer una lista de lo positivo y de lo negativo.
Y cogió sus dos colores preferidos:
el verde y el amarillo.
Cuando llegaba a su casa se encontraba con gritos y más gritos,
desorden y ausencia de cariño.
Fue entonces cuando Francisco empezó a reflexionar en lo bien que se sentía cuando por ese matrimonio era atendido.
Pensó en lo especiales que eran y se dio cuenta que siempre llevaban colgados al pecho un Crucifijo,
y que sus hijos al entrar se acercaban a ellos con mucho cariño,
incluido el hijo mayor dueño del restaurante contiguo.
Y empezó a añorar todos los gestos que en aquella familia había visto:
Añoró los besos, el respeto y la alegría en el encuentro en medio de los problemas y de los conflictos,
pues más de una vez vio como les robaban creyendo los ladrones que por ellos no eran vistos.
Y se preguntó por qué los miembros de esa familia eran tan genuinos,
y no porque lo dijera su físico,
sino en sus miradas, en sus palabras y en sus gestos de servicio.
Cuentan también que un día, inesperadamente, alguien se acercó a Francisco y le habló de un hecho muy triste que a ellos les había ocurrido:
Cuando eran muy jóvenes  perdieron a su primer hijo,
y tardaron en superarlo sobre todo porque los médicos les habían dicho que ya no podían tener más hijos.
Sin embargo, ellos creyeron que su Dios podía hacer milagros al igual que en la Biblia habían leído.
Y creyeron por encima de todo lo que les habían dicho.
Cuentan sus amigos que aquella noche Francisco no pudo dormir por todas las cosas que había oído.
Y que se puso a recordar el nombre del aquel intrigante libro.
Un libro que hablaba de milagros y que en sus manos nunca había tenido.
Y, nada más levantarse, desayunó y se despidió de sus padres, quedando estos bastante sorprendidos.
Buscó en librerías de ciencia, de medicina y en las que trataban del universo infinito,
pero sin obtener el éxito pretendido.
Al día siguiente hizo lo mismo:
Se despidió de sus padres, quedando estos aún más sorprendidos.
Y siguió buscando haciendo otro recorrido,
hasta que lo encontró. Francisco sintió como si hacia sí le llamase ese fantástico libro.
Y, cogiendo la Biblia, la abrió al azar empezando a leer el texto que hablaba de los verdaderos amigos.
Saltaba las páginas quedándose siempre sorprendido,
pues intuía que estaban hablando de él mismo.
Fue así como descubrió a Jesús el Hijo de Dios vivo,
sintiendo la Paz de lo Divino.
Desde ese instante no dudó en tener a Jesús de Nazaret como íntimo Amigo,
afirmando creer que Él es el Verdadero Compañero de Camino.✝
Madrid 5-5-18
Sor María Elena Hdez Glez 🌺Ⓜ😃JOVEN-fano

LA ALIANZA QUE CAUTIVA (Esto es un Cuento)

LA ALIANZA QUE CAUTIVA

Érase una vez una alianza escondida,/
que ejercía sus poderes cuando nadie la veía./
Una noche tropezó y cayó en una esquina,/
y un niño la cogió viendo su buena dicha./
!Qué suerte haberte encontrado le dijo mirándola fija!,/
pero ella callaba y tampoco se movía./
¿Quién te ha dejado aquí sucia y sin valía?./
Lo que el niño no sabía era la magia que en ella había./
Pasaron los meses, las noches y los días,/
y el niño le hablaba contándole sus pequeñas pizias./
Le contaba cómo robaba para comer cada día,/
y cómo en las puertas del metro las mañana se ponía./
Le contaba también que muchas personas no se daban cuenta de que existía,/
y que otras muchas veces, la gente en su cara se reía,/
y que eso le hacía llorar por la soledad vivida./
Así, una y mil veces a su Alianza, todo se lo decía./
A esa Alianza que aquella tarde se encontró allí perdida./
Él la tocaba cuando ignorado en la calle, en las plazas y en su casa se veía,
y la apretaba tanto, tanto con sus pequeñas manos que, en ocasiones, hasta se hacía heridas,/
sobre todo cuando se levantaba y corría/
porque era el momento de la huia./
Y escuchaba: al ladrón, al ladrón, al dueño de aquella frutería/
mientras él corría y corría./
Así fue como la Alianza conoció toda su vida,/
y le encontró fiel y amigo sin reservas ni mentiras./
Es por eso por lo que la Alianza decidió quedarse con el pequeño para toda la vida,/
porque lo consideró como su gran compañía./
Ella veía el corazón y la bondad que tenía,/
y también en sus pequeños ojos la trasparencia que ante ella nunca se ocultaría.
Alianza, gran amiga, el pequeño le decía:/
no me abandones pues, sin ti, nada sería./
He visto que contigo ha cambiado mi dolor y vas sanando mi herida,/
¿Quién eres, mi gran amiga?
¿Quién eres, que siempre estando contigo las personas ya me miran?,
y además de las monedas me comparten sus comidas./
Alianza mensajera de tranquilidad sencilla,/
eres, para mí, el tesoro que todo ser necesita./
Hoy te quiero dar las gracias por cambiarme así la vida./
Tú eres para mí ese Ángel que me guarda y me cobija./
Seguro que algún duende me la dejó en aquella reservada esquina,/
para que yo la encontrara por ser de una persona querida,/
aunque un día me abandonó hoy desde el cielo me cuida./
Y el niño orgulloso de su dicha,/
le promete a su Alianza estas palabras divinas:/
Y como en un juramento con papel y con su firma,/
proclama ante nuestro sol la decisión definida:
Gritaré por todo el mundo y sembraré tu semilla,/
esa Paz que nadie ve pero que queda por donde tú vas y habitas,/
y ahora por donde mis pies pasean, corren, se detienen o caminan./
Y sacaremos del mal a los niños de la calle, los que roban por no tener agua, ni comida ni tampoco familia./
Porque eres, mi Alianza, la que siempre con tu presencia cautivas.
Eres mágica al igual que bendita,/
porque irradias el brillo y el calor que emite el cariño de las personas queridas./
Soy tu portavoz el niño a ella le decía./
Y juntos emprenderemos el camino de la Paz, del perdón, del Amor y la Acogida./
Sabia decisión. Le habló por primera vez La Alianza que cautiva./
Madrid 17 – 4 – 18
Sor María Elena Hdez Glez

EL SOL QUE NO ALUMBRABA (ES UN CUENTO)

EL SOL QUE NO ALUMBRABA.

Erase una vez un país donde casi había desaparecido todo tipo de esperanza,/
y no porque no hubieran personas que leyeran La Palabra,/
sino porque alguien había eliminado de su tierra el agua./
No solo el agua, sino también el Sol que salía todas las mañanas.
Las plantas se morían a pesar de haber sido plantadas,/
y el azul del cielo por allí ya no pasaba./
Gran parte de los hombres de aquel país al Sol buscaban,/
y muy temprano se levantaban./
Hombres, mujeres y niños en sus casas no paraban,/
porque también la luz eléctrica estaba cortada.
Al anochecer esos mismos hombres se preguntaban:/
¿Dónde había estado el Sol que hoy tampoco alumbraba?./
Y es que un hombre muy, muy malo con todos sus ejércitos lo tenía retenido en su casa.
Este hombre vestía con galones y medallas,/
y a los suyos con inumerables monedas compraba,/
mientras las gentes de su país se asfixiaban y ahogaban./
Se ahogaban no por el agua,sino por la opresión de quienes los maltrataban./
De repente un hombre de la calle gritaba y gritaba./
Gritaba las injusticias, pero el mal ejército lo golpeaba.
Una tras otra, palizas le daban;
allí todo el mundo sacaba sus armas./
Mientras tanto el Sol, secuestrado, todo lo escuchaba.
!Cuánta tristeza acumulaba!,
y no podía dejar de derramar sus amargas lágrimas.
Y se encendía por dentro con rabía,
por no poder hacer nada.
Pero él pensaba,/
y buscaba estrategias para que sus rayos por los agujeros se filtraran,
y en esos instantes se sentía en sintonía con las partes del mundo que justicia clamaban./ Cosa que a su gobernante nada de esto le afectaba,
pues solo le importaba la fama./De su boca se escuchaba: He salido en las noticias. Y el orgullo en su cara reflejaba.
Satisfecho en su sillón se sentaba/
el hombre con sus medallas./
Este dictador que se creía un dios, pues siempre había quienes le aplaudían y animaban.
Claro está, todos habían sido captados con dinero, regalos y casas,
con mucha plata y más plata./
A pesar de todo ello sus habitantes humildes y honestos sacar adelante a su país intentaban.
Y el Sol, a la vez que pensaba, rezaba./
Le parecía oir a lo lejos, a niños que cantaban,
a pesar de estar en un zulo las suaves voces a sus oídos llegaban.
Y le brotó la Esperanza,
y el Sol sin luz externa sentía como toda su vida se iluminaba,/
y en las paredes frías al igual que en el suelo sin limpieza, sin comida y sin agua,/
se reflejó al instante la claridad dejando en ese lugar una gran calma./
Y brotaron los sueños y todos los obstáculos y crueldad vividos se volvieron en creatividad que no callaba./
Y soñaba aún estando secuestrado, pero ya no le importaba,/
porque recordó que el grano de trigo en silencio y a oscuras siempre brotaba./
Y creía en la oración por su experiencia tenida cuando él brillaba,/
y sabía que no habían paredes que impidieran sus efectos y su gracia./
Pudo escuchar como si el mismo barro le hablara./
Escuchaba las súplicas, dirigidas a Dios, que el pueblo oraba./
Y su país, como quien tiene un sexto sentido vivía en la espera y la alabanza.
País de raíces cuya savia de Fe y de iIusión están impregnadas.
Y el Sol ya no lloraba,
y el pueblo, como algo mágico recuperó la sonrisa que le caracterizaba,/
porque a sus gobernantes pocos días les quedaban,
y a los suyos, a ese ejército injusto y pervertido con sus gentes honradas,/
también sus tiempos la luna los marcaban.
Sol y Luna en unión extraordinaria,/
vencieron al miedo, al temor y a cualquier tipo de amenazas,/
vencieron también a la frialdad, a las injusticias y a las armas,/
vencieron a la realidad más cruel jamás imaginada,/
porque el Amor vence al odio, la libertad a la esclavitud y a las matanzas.
Porque la Fe en su Dios levanta todas las alas:
Las alas que están cortadas,
las que no tienen fuerzas porque están agotadas,
también las que han estado y siguen amarradas,
y a aquellas que oxígeno les falta.
Sol que vives en la más alta Esperanza,
saldrás como terremoto bendiciendo a La Virgen que te Ama.
Madrid 22 – 4 – 18
Sor María Elena Hdez Glez

LA SERENIDAD PERDIDA

LA SERENIDAD PERDIDA

Cuándo la vida te golpea esperas una salida,/
sin embargo muchas veces te sientes perdida,/
y parece que llega el tiempo de estar pensativa./
Pero nos mueven las prisas/
mientras la mente maquina,/
y en medio de todo el jaleo aparece una tierna sonrisa./
Y es ella la que nos pregunta: ¿Por qué te encuentras perdida?./
Es una sonrisa acompañada de la mirada de una niña./
De una niña que saludamos todos, todos los días,/
y su voz nos tranquiliza,/
haciéndolo cómo la flauta cuando emite su delicada sinfonía./
Y suena la trompeta anunciando el buen día,/
y la lluvia temerosa se disipa./
Y vuelve a sonar la trompeta para que cada instrumento toque su nueva melodía./
Melodía ausente de toda meláncolía,/
porque en medio de tantas voces se expande por todo el auditorio,esa cálida armonía./
Esa armonía que producen las voces que cantan llegando hasta bien arriba,/
y de repente, hay un silencio cargado de belleza infinita./
Para el canto, y sólo el arpa se eterniza./
Y en ese mismo instante nos descubrimos serenos encontrando aquella paz perdida./
Suena el tambor a la vez que los platillos y los cascabeles, y sale de nuestro interior: !Oh mi Dios que maravilla!./
Hombres y mujeres llenos de pasión y disciplina,/
pues ninguna nota desdice la belleza allí surgida./
Y tocan las flautas, los violines, los trombones y las trompetas: Llega el día,/
desde la suavidad hasta la tonalidad que ha tocada a aquella alma perdida./
Y se conjuga la emoción, el gozo y la fuerza llena de energía./
La fuerza que por instantes el director la mantenía retenida./
Y esas manos guiadoras que orientaban hacia arriba,/
mientras el público estaba en suspense para ver como seguía./
Y vuelven a sonar los tambores, las trompetas, las flautas y los violonchelos  gritando: Llega el día,/
rindiéndose nuestra alma con esa fresca caricia,/
cómo en medio del bravo mar expresando su dulce brisa./
!Qué gran don y qué gran maravilla!./
Pues en medio de las tardes, las noches y los días,/
las subidas y bajadas y el torrente en su crecida,/
y ese interior que se mueve buscando su unidad y armonía,/
buscando también las soluciones para aquellos que te ligan./
Gracias a los músicos que nos ayudan a recordar que merece vivir la vida,/
gracias también a todos aquellos que saben dar la calma en el trabajo, en la calle, en las fiestas y por supuesto en todas las comidas,/
y en medio de los susurros, de las tormentas, de las claridades y de las nubes que se presentan de forma imprevista./
Gracias también a Ti, Madre por tantas manos amigas,/
por la música y por el don de la Serenidad que nos regalan nuestras personas queridas./
Gracias Señor Resucitado por recuperar la Serenidad perdida./
Amén.
Madrid 12 – 4 – 18
Sor María Elena Hdez Glez